EL PENSAMIENTO CRÍTICO CONTRA LA VIOLENCIA Y EL ECO DEL FALSO RELATO
© NatalieVolkmar Ossa / Publicado en Desde Abajo
Hacer
política desde las alturas no suele conducir a los ciudadanos a buen puerto. Todos hemos observado algún
día desde la azotea de un edificio cómo una perspectiva tan elevada distorsiona
la realidad: empequeñece a los transeúntes, difumina sus rasgos identitarios,
culturales, regionales…, borra sus rostros y les reduce a una masa uniforme, anodina
y sin alma. Es desde esta falsa superioridad, desconectada de los pueblos del mundo
y de sus naciones, que a tan solo 72 horas aproximadas de haber inaugurado el
año, se nos comunicaba desde Florida las pretendidas directrices del nuevo rumbo
a tomar en Venezuela, y del orden mundial.
“Esto
es Estados Unidos primero, esto es la paz a través de la fuerza”: las
declaraciones realizadas por Pete Hegseth, a la cabeza del Departamento de
Guerra estadounidense, en la rueda de prensa posterior a la controvertida “Operación
Resolución Absoluta” abrían el telón del 2026 con una retórica pueril y temeraria,
más propia de las pandillas urbanas que de la responsabilidad exigida en cuestiones
de Paz, Seguridad y Defensa, y de su obligada proyección hacia la estabilidad geopolítica.
Los
alardes de Donald Trump y de su Administración respecto a lo que supuso un
ataque a la soberanía de Venezuela y el secuestro a su presidente Nicolás
Maduro, van de la mano de una narrativa que instrumentaliza a las Fuerzas
Armadas en beneficio de sus intereses, y de una acuciada indiferencia hacia las
leyes y los derechos humanos: una peligrosa combinación.
No
es de extrañar que el autoritarismo del mandatario, que barre el arte de la diplomacia
y eleva su púlpito al ejercer las relaciones internacionales, haya desatado la
inquietud mundial ante la suma de señalamientos a Groenlandia, Colombia…y la imposición
de aranceles como amenaza disuasoria a aquellos países que muestran resistencia
en ceder a la gravedad de sus irresponsables acciones.
Estas
máximas arcaicas y simplistas de gana el más fuerte, cuanto más mejor y porque
lo digo yo, corroboran la vigencia de las advertencias que nos dejó Hannah
Arendt: “cada reducción de poder es una abierta invitación a la violencia;
aunque solo sea por el hecho de que a quienes tienen el poder y sienten que se
desliza de sus manos, sean el Gobierno o los gobernados, siempre les ha sido
difícil resistir a la tentación de sustituirlo por la violencia”. La alerta de
la filósofa no era en vano: las prácticas coercitivas, intimidatorias y criminales
ordenadas a la lumbre de los autoritarismos, no han dejado de efectuarse para engrosar
el poder político y económico.
Las
sociedades que conforman América Latina conocen de primera mano la espiral de estragos
que conllevan estos tipos de violencias; una radiografía premonitoria la hacía el
escritor colombiano German Arciniegas al publicar “Entre la libertad y el
miedo”, título que nos recuerda aquel espacio intermedio donde habitaba el
silencio en el siglo XX.
Demasiadas
fueron las generaciones obligadas a reprimir sus palabras y la lectura de obras
tachadas de subversivas; ejemplares que sobreviven en librerías de segunda
mano, algunos de los cuales dejan entrever una postal, una nota, o entrada de
cine de quien lo estaba leyendo. Páginas prohibidas que algún día estuvieron escondidas,
posiblemente en el interior de la caja de resonancia de la guitarra de un estudiante,
ávido por saber; letras con olor a leña, a hogar, a caramelo, a lumbre … a
pensamiento, ese gran enemigo de la opresión.
Instrumentos
de control como la censura, la omisión o la falsa información han seguido expandiendo
sus raíces al paso de las décadas; ensanchando las posibilidades que les
brindan las nuevas tecnologías. El objetivo: confundir, manipular, teledirigir
a un sector de la población a través de campañas de desinformación que, en la
actualidad, navegan por el ecosistema del ciberespacio en forma de serpiente
invisible.
Informaciones
tóxicas que pasan desapercibidas ante nuestros ojos al estar diseñadas para incendiar
emociones como son el miedo, la ansiedad, la furia, la animadversión..., siendo
los propios ciudadanos los que participan en su difusión cada vez que las comparten
sin cuestionarse el origen de la fuente y su veracidad.
En
esta dinámica, el eco del falso relato se expande de manera similar a la reverberación
que produce una piedra lanzada al agua; conduciendo estas estrategias de
desinformación a episodios alarmantes para la seguridad nacional como han sido
el asalto al Capitolio (2021), al Congreso de Brasil (2023) o la disposición
para atentar de una célula de la organización terrorista neonazi “La Base”
desarticulada hace poco más de un mes en España.
Desalentador
es el respaldo dado a la Carta de Madrid, propuesta de extrema derecha impulsada
por el líder de Vox, Abascal, contra las iniciativas del Grupo Puebla y el “comunismo”
en “Iberoesfera”. Entre sus firmantes se hallan el argentino Milei, la italiana
Meloni, el chileno Antonio Kast, la venezolana María Corina Machado y el
aspirante ultraderechista a la presidencia de Colombia, Abelardo de la
Espriella.
Se
acercan las elecciones en Perú, Colombia y Brasil, y aquellos que trabajan en América
Latina por fortalecer la democracia, la cohesión y la justicia social, saben
bien que ello no se construye con viejas retóricas ni imposiciones del extranjero.
Por el contrario, se trenza desde la escucha de los pueblos, de sus valores e
historia, y en compañía de quienes, a pesar tener las secuelas de la violencia
tatuadas en su alma, siguen luchando para sembrar el dialogo, el amor y la reflexión…
desde las aulas donde la represión amordazó la voz…, desde aquellas veredas en
las que el río acaricia el silencio…
En
tiempos de guerra cognitiva, de información contaminada por mensajes
radicalizados de odio contra la oposición, de racismo y xenofobia, que invocan
el retorno de historias irreversibles que avergonzaron a la humanidad; el pensamiento
crítico, oxígeno de los pueblos, resiste como un escudo contra la sumisión, y
esperanza para la democracia.

.jpg)


