© NatalieVolkmar Ossa / Publicado en Desde Abajo
Me
viene al presente un reportaje en Colombia, el cual tenía por objeto sentar en
una mesa de diálogo a dos pandillas enemigas, a la policía acusada de
propasarse con ambas, y al alcalde del pueblo. Los pandilleros, que no pasaban
de rondar los veinte años, se preguntaban si aquel encuentro lograría una reconciliación;
hablaban a discreción mientras acariciaban el pelo de sus hermanos pequeños que
se pegaban a sus bermudas. Durante la grabación, su atención se dejó atrapar por
la curiosidad de saber cómo se construía un reportaje; liberando su mirada hacia
un horizonte de fascinación.
Al
anochecer, Gustavo Bolívar, quien -además de estar al frente de la serie Pandillas,
Guerra y Paz-, era el creador de este reportaje; perseverante, se quedó largas
horas esperando al alcalde. Los demás regresamos a Bogotá. En la oscuridad del
trayecto, entre las serpentinas que daba el vehículo, mi único pensamiento era no
perder los testimonios de aquellos muchachos que compartían mi edad. El
reportaje, producido por Telecolombia -años antes de convertirse en Foxtelecolombia-,
sería emitido a nivel nacional: abracé como a un tesoro los fragmentos grabados,
con la esperanza de que conseguirían sacudir las conciencias y construir
oportunidades.
Por
aquel tiempo, la idea de que el periodismo constituía un bastión de denuncia, y
utilidad social estaba viva; más aún en el territorio de Iberoamérica, cuya
población, además de entrelazar históricamente fuertes vínculos lingüísticos,
sociales, culturales…, también padeció, desde sus contextos puntuales, reiteradas
violaciones a los Derechos Humanos. En
este sentido, se podría decir que el periodismo iberoamericano, ha respirado un
oxígeno común; sabe de censura y amenazas, de ataques a las redacciones, de exilio,
y más aún de resistencia: un pálpito que se ha ido trasmitiendo por
generaciones y que hoy impide a una parte de la profesión darle la espalda al
ciudadano y plegarse a los intereses del poder.
Teniendo
en cuenta que el sentido de Iberoamérica implica una relación simétrica entre
sus Estados, y siendo conscientes -en alusión a Pablo Sapag- de los riesgos que
acarrea desdibujar su significado, observamos que aquellas narrativas que menosprecian
las culturas prehispánicas y supeditan la política a intereses extranjeros, chocan
abruptamente con el sentido de conexión, independencia y fortaleza de los
Estados iberoamericanos.
En
la actualidad, asistimos a un tablero en el que el presidente Trump no oculta
sus ansias de expandir sus tentáculos por América Latina; monopolizar y
reconvertir las naciones en satélites estadounidenses a través de la fuerza y
de un discurso contradictorio que aboga por perseguir a narcotraficantes, al
tiempo que indulta a Hernández, exmandatario hondureño condenado por
narcotráfico.
Era
de esperar que Trump apoyara a Abelardo de la Espriella, cuya nacionalidad
estadounidense ha desatado la alarma entre un grupo de exmagistrados y especialistas
que alertan, a través de un comunicado, de la incompatibilidad jurídica, ética
y política que tiene el aspirante para desempeñar el cargo a la Presidencia de
Colombia.
No
es casualidad que este candidato, a pocos días de que la población acuda a las
urnas, haya intensificado su campaña contra el actual presidente Gustavo Petro,
al etiquetarle como “jefe de la mafia”; y en extensión, a sus aliados y
continuadores políticos, bajo la amenaza de procesarles en Estados Unidos. Expresaba
Julio Fernández en ¿La manipulación informativa destruirá la democracia?: “La opinión
pública debe estar correctamente informada [...]. Si las bases de información
son incorrectas, se hallan alteradas o son directamente falsas, es muy probable
que las decisiones finales que se tomen no sean las más acordes con el interés público”.
En sintonía, este tipo de calumnias tratan de confundir al electorado para
eliminar cualquier atisbo de progresismo en la Casa de Nariño y, por ende, en
la nación.
Por
contra, y ensanchando el ángulo a Iberoamérica, en unas Jornadas de Seguridad y
Defensa en España, alejadas con severidad de cualquier sesgo político, fuentes conocedoras
reconocieron la valía, el esfuerzo y la intensa labor que están desempeñando los
efectivos desplegados por parte del Ministerio de Defensa Nacional de Colombia contra
las disidencias armadas, remarcadas por Gustavo Petro como organizaciones
narcotraficantes. Celebradas en un espacio de enriquecimiento multicultural, dichas
Jornadas que versaron sobre la geopolítica mundial, pusieron de manifiesto la
necesidad de respetar las reglas del Derecho Internacional, de protegerse ante las
injerencias extranjeras, y reaccionar frente a la “guerra cognitiva”; hecho que
desató un debate en torno a la responsabilidad de los medios de comunicación para
contrarrestar las campañas de desinformación y relatos falsos, entendiendo que
también ellos conforman el “ecosistema de defensa”.
En
relación con el actual mapa de América Latina, que va sumando mandatarios supeditados
a los intereses del gobierno estadounidense, el riesgo de que la región retroceda
al servilismo y a las relaciones asimétricas, crece a pocos días de las
elecciones presidenciales. Si bien, gran parte de la población mantiene la
esperanza de que el candidato a la Presidencia y defensor de Derechos Humanos, Iván
Cepeda, junto a Aida Quilcué -ambos conocedores del dolor que arroja la
violencia-, logren gobernar por la paz y la custodia de su soberanía.
Ante
las consignas obsoletas, ancladas en el odio, que segmentan la patria en
enemigos y buscan instrumentalizar, políticamente, al conjunto de las fuerzas
armadas bajo intereses ajenos al país; esperemos que el 21 de junio la
población demuestre que defender una nación conlleva un acto cristalino de solidaridad;
de humanidad, lealtad y protección hacia la ciudadanía, incluida la que piensa
diferente. Quizás, aquellos políticos incendiarios que desprecian los pactos
por la vida, y banalizan la guerra exponiendo a los jóvenes a más violencia, y
ausencia de oportunidades, desconozcan que antes de hablar de patria, deberían aprender
a amarla.
Publicado en Desde Abajo




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