martes, 13 de diciembre de 2016

MÁS ALLÁ DE LOS MUROS


Ángel Orcajo, Rombiendo nubes, 1996.
    
© Natalie Volkmar Ossa

A quién no le ha atraído la idea de colarse en una casa abandonada y descubrir el pasado que encierran sus muros humedecidos, su atmósfera inhóspita y extraña que sobrevive entre grietas y sombras. Más de uno hemos entrado como “ladrones de historias” para conocer los objetos regados por el suelo tales como cartas, cuadernos, instrumentos de cocina, marcos rotos de fotografías que se van desdibujando bajo los escombros... en definitiva, buscamos pruebas que puedan ayudarnos a acercarnos a la historia vivida entre esos muros ya olvidados.

Matadero Madrid, en su tiempo, fue un inmenso conjunto de pabellones poblados de gente, animales, máquinas e instrumentos; objetos que reflejaban, explicaban y materializaran el ritmo de vida en la ciudad, el sistema de abastecimiento, los métodos de trabajo, su ambiente cotidiano y dinámica social. 

El avance tecnológico, el acelerado crecimiento de la ciudad ha traído consigo nuevas necesidades, de esta forma la historia avanza despiadada barriendo todo aquello que no le es útil, por este motivo, que aquellos lugares obsoletos en sus funciones se conviertan en “contenedores” para desempeñar otro tipo de actividades no parece ser el peor de los males desde el punto de vista de la salvaguarda del patrimonio, sobre todo si se trata de un edificio industrial ya que los cambios en la tecnología se suceden a un ritmo vertiginoso. 

Ángel Orcajo, Dos perfiles urbanos, 1976.

Lo inquietante será cómo se manipulen estos nuevos “contenedores”; la intervención arquitectónica que se haga en ellos, la conservación de sus huellas y la difusión de su memoria, motivo por el cual la Carta de Nizhny Tagil (2003) recomienda, en materia de Patrimonio Industrial, “habilitar un área donde se represente el uso anterior.”

Bien o mal, el antiguo Matadero de Legazpi ejemplifica este nuevo tipo de edificio “contenedor”. No cabe duda de la efectiva adecuación realizada en las antiguas naves del Matadero de Legazpi para que en ellas espectadores y artistas encuentren un espacio de diálogo y retroalimentación, lo que constituye un proyecto de gran envergadura a nivel creativo.

Asistir a una función de teatro en las naves reutilizadas del Matadero supone una experiencia más cercana y directa para los asistentes que sentarse en las butacas de un teatro convencional donde el escenario equivale a un horizonte lejano, extraño al espacio del espectador. Las dimensiones y estructura de las naves del antiguo Matadero expanden con mayor generosidad la fantasía que desprende el escenario envolviendo a espectadores y actores en una misma escena, no ocurre así en otros teatros como el Teatro Real, cuyo espacio hace una estricta delimitación entre un grandioso, distante e inaccesible escenario y un inmenso patio de butacas cruelmente escalonado en distancias y perspectivas.

Por tanto, las naves del Teatro Español tienen un modelo constructivo que logra presentar la obra de una manera más dialogante, más democrática e intensa. Esto es posible gracias a las características del nuevo espacio, a su distribución, tamaño, vacíos, a sus silencios..., producto de la interacción y el respeto que se ha tenido al viejo edificio a la hora de adaptarse a él. Así explica este encuentro Arturo Franco, arquitecto de la nave 8b: “trabajábamos con hierro, con vidrio, mientras que el edificio era un anciano con arrugas, con su propio carácter, la vejez se mostraba en sus muros [...] y cargado de interés ese anciano, por supuesto, por su personalidad cultivada 1”. 
Ahí reside la magia, en la capacidad de adaptación que ha existido entre lo nuevo y lo viejo, en su escucha.

Por otro lado, asistir a la Cineteca, montada en los pabellones del antiguo Matadero, y esperar sentado en un banco frente a una calle desértica y alargada que atraviesa el matadero como si de una vía de ferrocarril de tratase, produce la sensación de estar dentro de una película del lejano oeste, más aún si optamos por esperar en la cantina de al lado. No es de extrañar que este complejo haya llegado a funcionar en ocasiones como estudio para rodar películas ya que el conjunto arquitectónico en sí, simula una pequeña ciudad como los grandes decorados de un estudio hollywoodiense.

Giorgio de Chirico,  
Misterio y melancolía de una calle, 1914.
El interrogante surge de si es o no suficiente que la adecuación de este tipo de edificios se limite a ajustarse a las cadenas de la ley de edificios protegidos. Triste es pensar que las leyes han sido creadas para que sean cumplidas cuando, al menos, en materia de patrimonio han sido creadas para que sean “sentidas”.
El proyecto Matadero Madrid, cumpliendo la ley, ha conservado los muros originales, muros que han sido testigos de la historia que se producía dentro de ellos, no obstante los verdaderos actores de la historia son la gente y su instrumental, resulta difícil comprender, en este caso el Patrimonio Industrial, sin tener en cuenta el valor social que conlleva.

Cierto es que el proyecto Matadero Madrid, conforme a las normativas, facilita a los interesados el acceso a documentos sobre el antiguo Matadero, sin embrago, no deja de extrañar que un inmenso lugar como este complejo no haya dispuesto, ni tan siquiera, una nave-museo para mostrar, recrear y explicar de forma permanente la historia del Matadero contada a través de sus protagonistas; la gente y su instrumental. 
Que lugares "contenedores" reserven un espacio “dentro de su propia casa” para trasmitir su historia resulta indispensable teniendo en cuenta el riesgo que conlleva extraer la maquinaria del lugar ya que, como alerta la Carta de Nizhny Tagil, esto reduce  su "valor" y "autenticidad". 





Giorgio de Chirico, The enigma of the oracle, 1910.
Montar una sala-museo dentro de este tipo de edificios "contenedores" no debiera ser un proyecto que esperase ser puesto en marcha a través de la ley. Debiera ser una decisión materializada dentro de toda entidad, pública o privada, como muestra de respeto a una sociedad que tiene el derecho constitucional a conocer su patrimonio. 

De esta forma, dejar un espacio como museo equivaldría a dejar una ventana abierta en una casa abandonada...





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1FRANCO, A.: “Arturo Franco. Nave 8b matadero de Madrid” en Entrevista a Arturo Franco por Claudia Uzquiano y José Luis Moreno. 
Consultado en línea: https://www.youtube.com/watch?v=bRDybuGLHE8