sábado, 30 de mayo de 2026

El fluir de la esperanza: ideas insumisas contra épocas retrógradas

 

 FLORES DE MAYO FRENTE A LA VIEJA ESTRATEGIA DE LA ULTRADERECHA


Asistentes a ARTBO/ 2022 ante una obra de Tomas Ochoa (foto propia).

  

© NatalieVolkmar Ossa / Publicado en Desde Abajo

 

Era un 9 de agosto de 1994 cuando un joven, de voz contenida, mantenía su entereza para pedirle a Colombia, y a la justicia, que frenaran la ofensiva contra la izquierda: “Que no quede este crimen impune como el de tantos hombres justos y valientes que han peleado por este país”. Eran las palabras pronunciadas por el actual candidato a la presidencia Iván Cepeda, desde el lugar en el que acababan de asesinar a su padre, Manuel Cepeda Vargas, entonces senador de la Unión Patriótica (UP).  

Por décadas, parte de la sociedad de América Latina elevó sus voces contra la impunidad de los crímenes de Estado; lanzando a volar pétalos de rosas en memoria de aquellas ideas, fuentes de inspiración, que nos dejaron los ausentes: pensamientos no fosilizados, que fluyen por generaciones en cánticos, en versos, entre conversaciones, en las universidades, entre las páginas de los libros; emancipadas, abiertas al debate, construyendo mundo y conocimiento.  

Los crímenes no lograron hacer desaparecer las ideas que creían patrimonio exclusivo de quienes las portaban; ellas, intangibles, irrefrenables, átomos con vida propia, siguieron latiendo vaporosas en el universo; a veces desde el silencio de una celda, otras en la clandestinidad, en los tinteros de los maestros, o en el exilio. Tiempos aquellos en los que se pretendía uniformar y controlar las mentes… como si las ideas no florecieran y no escaparan por las rejas.  

Estas persecuciones sistemáticas que han padecido los políticos progresistas, sindicalistas, líderes sociales, abogados, magistrados o periodistas incómodos, han estado precedidas por despiadadas campañas de criminalización, como sucedió con el genocidio político contra los miembros de la UP.

Explicaba Francisco Sierra en Pensar la guerra. Constitución imperial y modo de control informacional… de qué manera, en el contexto de la Guerra Fría, Estados Unidos instrumentalizó el terrorismo como epicentro de la desinformación -convertido en un concepto fetiche, en palabras de Sara Miles- para legitimar el empleo de los métodos contrainsurgentes.  

Con el paso del tiempo, y recientemente con la Administración de Trump, somos testigos de cómo el relato de la lucha contra el terrorismo internacional, amplificado al narcotráfico, continúa sirviendo de pretexto para amenazar y aprisionar a los adversarios políticos, así como avalar intervenciones militares.

Los resultados de estas narrativas son demoledores: la justificación en Estados Unidos de las deportaciones masivas bajo -expresado por José Antonio Sanahuja- la “inverosímil teoría legal” de la invasión, al identificar a los inmigrantes como una amenaza para los pilares de la nación; la aniquilación bajo las órdenes de Netanyahu de una población palestina etiquetada como terrorista; la seguridad que prioriza Bukele a costa de la inseguridad que viven otros ciudadanos, susceptibles de ser encarcelados sin pruebas, o del acoso a los periodistas que cubren temas de seguridad pública y pandillas, tal como denunció Reporteros Sin Fronteras.

La expansión del pavimento de la extrema derecha en Iberoamérica se muestra visible a través de la iniciativa de Vox de difundir una supuesta conspiración que tiene lugar en una parte de la región “secuestrada por regímenes totalitarios de inspiración comunista, apoyados por el narcotráfico y terceros países”: “Todos ellos, bajo el paraguas del régimen cubano e iniciativas como el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, que se infiltra en los centros de poder para imponer su agenda ideológica”, manifiesta la Carta de Madrid, firmada por dos de los candidatos a la presidencia de Colombia: Abelardo de la Espriella, y la uribista Paloma Valencia.

Ante la estrategia de desinformación que está poniendo en riesgo la Seguridad Nacional en materia de democracia, Sergio Gracia sostiene la necesidad de “desmontar sus trampas, señalar sus abusos y no aceptar que el respeto sea una mordaza para los de siempre”, invitando a “negarse a vivir de rodillas ante quienes han hecho del insulto una forma de poder”, expresó en Toca contestar (a la extrema derecha) a quien insulta.

A las puertas de las elecciones presidenciales del 31 de mayo: las turbias campañas de antaño resurgen de la mano de una ultraderecha mundial que añora el orden homogeneizado, la política belicosa y la obediencia; enarbolando un autoritarismo desbocado que parece extraído de celuloides del pasado siglo, y cuyo horizonte dibuja jaulas de acero.

Ante la impúdica violencia verbal, la avalancha de difamaciones y calumnias por parte de aspirantes a la campaña electoral contra el candidato presidencial Iván Cepeda, recordó Hollman Morris en RTVC: “La historia de este país nos enseña que con esos señalamientos, se exterminó un partido político”.

Fluyen por el río las palabras que un acompañante de las comunidades en los procesos restaurativos tejió bajo el anonimato; en ellas habla de la plegaria que habita en los hogares atravesados por los impactos del conflicto armado, en el murmullo de las madres que esperan, en los campesinos e indígenas que resisten en medio del asedio; una plegaria que “sigue llegando hasta nosotros como un río de fondo que pide ser escuchado, que ahora danza y se expresa en la posibilidad de la continuidad de un gobierno progresista”.


Publicado en Desde Abajo